«Seguro que es porque es el pequeño y le hablamos todos por él.» «Ya se le pasará, total, cada niño va a su ritmo.» Escucho frases así muy a menudo, y muchas veces tienen razón — cada niño tiene su propio proceso. Pero otras veces, ese «ya se le pasará» hace que se retrase una consulta que habría sido sencilla si se hace a tiempo. Te cuento cómo distinguir una cosa de la otra.
Es verdad que cada niño va a su ritmo
Empiezo por aquí porque es importante no generar alarma donde no la hay. El desarrollo del lenguaje varía muchísimo de un niño a otro, y comparar con el primo o con el hermano mayor casi nunca ayuda. Hay niños que hablan mucho más tarde que otros y acaban teniendo un desarrollo completamente normal.
Dicho esto, sí hay algunas referencias orientativas que, como logopeda, me sirven para saber cuándo merece la pena echar un vistazo:
- Alrededor del año, se espera que digan algunas palabras sueltas («mamá», «agua», «más»).
- Sobre los 2 años, que empiecen a unir dos palabras («quiero agua», «más pan»).
- Hacia los 3 años, que otras personas fuera de la familia (no solo vosotros, que ya estáis acostumbrados) entiendan la mayor parte de lo que dice.
- A partir de los 4-5 años, que la pronunciación esté bastante clara, aunque algunos sonidos concretos (como la «r») puedan tardar un poco más.
Estas son orientaciones, no un examen que hay que aprobar en la fecha exacta. Un pequeño desfase no suele ser motivo de preocupación.
Señales que sí conviene consultar
Más que fijarte en una fecha concreta, te diría que prestes atención a estas señales:
- No entiendes buena parte de lo que dice, y tampoco lo entienden otras personas de fuera de casa. Es normal que los papás «traduzcáis» al principio, pero si con 3-4 años solo vosotros le entendéis, conviene consultarlo.
- Se frustra mucho al intentar comunicarse. Rabietas frecuentes que parecen venir de no conseguir hacerse entender son una señal bastante clara.
- Se ha quedado «parado» o incluso ha retrocedido. Si dejó de decir palabras que ya decía, o no avanza desde hace tiempo, merece la pena mirarlo.
- Le cuesta seguir instrucciones sencillas de su edad, o parece que no entiende bien lo que le dices, más allá de un despiste puntual.
- Tiene dificultades para tragar, babea de forma llamativa para su edad, o respira mucho por la boca. Estas señales, aunque parezcan menos relacionadas con «hablar», también forman parte de mi trabajo — todo lo relacionado con la zona orofacial va conectado.
Ninguna de estas señales, por separado, es motivo de alarma. Pero si te reconoces en varias, o si algo de esto te preocupa desde hace tiempo aunque no sepas explicar bien por qué, confía en esa intuición — nadie conoce a vuestro hijo mejor que vosotros.
«Consultar» no es lo mismo que «hay un problema»
Quiero insistir en esto porque lo veo generar mucha ansiedad innecesaria: pedir una primera valoración no significa que algo vaya mal. Muchas veces la valoración sirve, precisamente, para confirmar que todo va bien y quedarse tranquilo. Y si hace falta trabajar algo, cuanto antes se empiece, normalmente menos tiempo y esfuerzo lleva.
Cómo es una primera valoración
En la primera sesión no hago ningún examen que el niño tenga que «aprobar». Observo cómo se comunica, cómo juega, cómo pronuncia, y hablo con vosotros sobre cómo lo veis en el día a día — vosotros sois quienes más información tenéis. A partir de ahí, si conviene trabajar algo, os explico cómo sería el proceso y a qué ritmo.
Si no tenéis un logopeda cerca
Con los más pequeños trabajo mucho con las familias — os doy pautas muy concretas para practicar en casa, en el día a día, lo cual funciona igual de bien por videollamada que en consulta. Si os interesa esta opción, os cuento cómo funciona en Logopedia online.
Si después de leer esto os quedan dudas sobre vuestro hijo, no hace falta tener certeza de que «hay algo» — para eso está precisamente la primera valoración. Podéis pedir cita cuando os venga bien.
— Bea, logopeda en Centre Ecos
Este artículo tiene un carácter informativo y no sustituye una valoración profesional individualizada.